
He escuchado repetidamente en los últimos años hacer referencia a las fases del duelo citando las establecidas por Elisabeth Kübler-Ross – psiquiatra suiza que desarrolló su carrera en EEUU en la segunda mitad del pasado siglo – en su conocido texto “Sobre la muerte y los moribundos”, publicado originalmente en 1969 (Nueva York, Macmillan), y seis años después en España (Barcelona, Grijalbo). No sólo por personas ajenas a las profesiones sociosanitarias, sino también por profesionales aparentemente cualificados (un médico que daba clases sobre el duelo, por ejemplo), o incluso perpetuadas por escrito en publicaciones diversas, tanto en revistas como en algún libro.
Las fases que señala la autora se refieren al proceso psicológico que se manifiesta en una persona cuando se le notifica su fallecimiento próximo (por lo general debido a una enfermedad, aunque hay trabajos que tratan de aplicar el modelo también a reclusos condenados judicialmente a muerte), y son las siguientes: Negación y aislamiento, Ira, Negociación o Pacto, Depresión y Aceptación. Pero, insisto, se refieren a personas que están cercanas a morir, no a quienes han sufrido y puesto en marcha el proceso psicológico o emocional que sigue a la muerte de un ser querido, y que conocemos con el nombre de Duelo.
En el caso del duelo, el primer autor que hizo referencia a unas fases, aunque sin precisarlas con claridad, fue Erich Lindemann que en un artículo publicado en 1944 identificó síntomas característicos del duelo agudo y estableció una progresión típica del proceso. Más adelante G. Engel (1964), propuso un modelo en seis fases: Shock e incredulidad, Desarrollo de la conciencia de pérdida, Restitución (rituales funerarios), Resolución de la pérdida, Idealización y Resultado (adaptación).

Más o menos en la misma época (1965), Colin Murray-Parkes propuso un modelo de cuatro fases: Obnubilación o Aturdimiento, Añoranza y protesta, Desesperación y Recuperación y reorganización, que fueron asumidas por John Bowlby, con quien colaboró durante muchos años, que en el tercer volumen de su conocida trilogía sobre vinculación y pérdida, “La pérdida afectiva” (1980), propone las siguientes fases: Shock y aturdimiento, Anhelo y búsqueda, Desorganización y desesperanza y Reorganización, muy parecidas entre sí.
Posteriormente se han propuesto otros modelos algo más completos, pero siempre sobre la base de las fases de Parkes-Bowlby. (Pereira, 2010)
Como podemos ver, las fases que propuso Kübler-Ross para la aceptación de la muerte cercana son bastante parecidas a las propuestas para el Duelo, por lo que no es extraña la confusión. Pero hay también algunas diferencias importantes, especialmente en lo que atañe a la Negociación o Pacto, en la que el moribundo establece unos pactos unilaterales – si me porto bien y hago todo lo que me dicen, si sigo estrictamente los tratamientos prescritos…me curaré. En el duelo no hay negociación posible: por muy bien que se porte el superviviente, el fallecido no va a resucitar, salvo desarrollo de un duelo patológico que incluya un transtorno delirante o alucinatorio.
Referencias
Bowlby, J. (1993). La pérdida afectiva. Paidós, Barcelona.
Engel, G. (1964): «Grief and Grieving». Am. J. of Nursing, 64: 93-98.
Kübler-Ross, E. (1975). Sobre la muerte y los moribundos. Grijalbo, Barcelona.
Lindemann, E. (1944). «Symptomatology and Management of Acute Grief». Am. J. of Psychiatry, 101: 141-148.
Parkes, C. M. (1965). «Bereavement and Mental Illness» (1965).British J. of Medical Psychology, 38: 1-12.
Pereira, R. (2010). Evolución y diagnóstico del duelo normal y patológico. Formación Médica Continuada, 17, 10: 656-663.
