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    La Featf y la organización de las Jornadas/Congresos Nacionales de Terapia Familiar

    27 de enero de 2022

    La organización de las Jornadas/Congresos Nacionales de Terapia Familiar ha sido el principal foco de tensión entre las asociaciones miembros de la Federación y la Junta Directiva de ésta. Para entender las causas de esta tensión es necesario conocer principalmente dos circunstancias: el origen de la federación y su configuración asociativa.

    Comencemos por el origen. Las Jornadas anuales de Terapia Familiar fueron anteriores a la Featf, precedieron en 10 años a su fundación. Hubo 11 Jornadas hasta mayo de 1991, y no fue hasta la 4º que comenzaron a organizarse por grupos que por lo general aprovecharon las Jornadas para constituirse en asociación, o bien para reforzarla. Así pues, las asociaciones (que durante las IV Jornadas se decidió que fueran de ámbito autonómico), ya organizaban Jornadas antes de que ninguna entidad de orden superior las coordinase. El nombre que llevaron inicialmente fue simplemente el de Jornadas de Terapia Familiar, y no fueron “Nacionales” hasta las que organizó la Featf en 1992.[1]

    Las Jornadas decimoterceras fueron las únicas que organizó la Federación, pero a partir de la decimocuarta fue de nuevo una asociación autonómica la encargado de hacerlo, lo que ha seguido sucediendo desde entonces. ¿Por qué ocurrió así? ¿Por qué no fue la Featf la encargada de la organización anual de las Jornadas/Congresos Nacionales? ¿Por qué su JD declinó asumir esa tarea que se había probado en esas únicas Jornadas que, por cierto, no fueron nada mal?

    La respuesta es sencilla: el trabajo de organización de unas J/C anuales es ímprobo, y la Federación carecía de la estructura y recursos suficientes para que no fueran una sobrecarga excesiva para los miembros de su Junta Directiva. Esas jornadas únicas que organizó fueron un empeño personal de Jose Antonio Ríos, presidente de la Featf en esas fechas. Las organizó en su ciudad natal, con el objetivo secundario de impulsar la creación de una asociación extremeña (este segundo objetivo no tuvo mucho éxito, ya que su fundación se demoró aún unos cuantos años), y también con la idea de probar si la Federación podía asumir el desafío.

    Podría haberse creado esa estructura y esos recursos, otras organizaciones similares lo hicieron desde el inicio de su funcionamiento – véase, por ejemplo, la FEAP – pero ni entonces se hizo, ni ahora la tiene. Conectamos así con el segundo punto que apuntábamos necesario conocer para entender las causas de la tensión Featf/Asociaciones a la que hacíamos referencia al inicio: su configuración asociativa.

    Aunque el nombre de la entidad que agrupa a las asociaciones autonómicas españolas de terapia familiar es el de Federación, su funcionamiento es más el de una confederación, es decir, que los miembros de la Federación, los socios que la integran, que no olvidemos que son las asociaciones[2], tienen altos niveles de autonomía y limitan bastante el “poder central” de la Federación. Miremos, por ejemplo, su Junta Directiva: salvo los cargos “electos”, Presidenta, Secretario y Tesorero, el resto son los/as presidentes/as de las asociaciones miembro. Pero es que, en la actualidad, el único que no forma parte de la Junta Directiva de una Asociación es el secretario, ya que el Tesorero preside la asociación de la que es socio, y la Presidenta es vocal de la que proviene.

    Así, aunque la idea inicial fue que al menos parte de la Junta Directiva sus cargos electos – tuvieran una cierta independencia respecto a las asociaciones miembro – se generó una norma no escrita de que estos cargos no debían representar a su asociación en la jd de la Featf –, no se ha mantenido con el paso del tiempo.

    Tenga o no relación con ello, el caso es que la Federación no ha desarrollado, a lo largo de sus 30 años de historia, una estructura estable de administración que pudiera ser la base organizativa de sus J/C y, con cada cambio de presidencia – que otra regla no escrita limita a cuatro años, ésta si se viene cumpliendo – se modifica su sede, cambia la secretaría administrativa, y los archivos de la Featf se meten en cajas que se envían a la nueva sede (a menudo ni siquiera es necesario cambiar de cajas, ya que los archivadores no han salido de ellas durante los cuatro años de la presidencia de turno).

    Sin esa estructura estable mínima – una sede física permanente, una administración básica que perdure en el tiempo – es prácticamente imposible que se asuma la organización anual de las J/C, por lo que es necesario seguir contando con que lo hagan las asociaciones miembros.[3]

    ¿Por qué la tensión, entonces? Si es una situación inevitable, ¿por qué se generan conflictos entre la Federación y las asociaciones organizadoras?[4]

    Primero, porque son Las J/C Nacionales de TF, y por tanto representan a la Federación, que no puede dejar de supervisar que se hagan de manera adecuada, ya que su nombre y prestigio están en juego.

    Pero otra razón, que a mi juicio es la mayor causa de conflictos, es la cuestión de la financiación. Una de las primeras medidas que aprobó la Featf (septiembre de 1992), fue compartir las posibles pérdidas – y los potenciales ingresos – ocasionados por la organización de las J/C en una proporción de 70/30: el 70% los cubre la Federación y el 30% la asociación organizadora, con idéntico reparto para los ingresos. Además, se posponía un año el pago de las cuotas de la asociación, para que con esos fondos pudiese poner en marcha la infraestructura organizativa básica.

    Este riesgo económico para la Federación lleva – y no puede ser de otra manera, en caso contrario incurriría en una irresponsabilidad en la gestión de su tesorería -, a querer tener un mínimo de control cerca de los gastos que va a ocasionar la organización de los eventos, a pedir información detallada de sus presupuestos, y a exigir que se tenga en cuenta su opinión. Pero también es necesario tener en cuenta que hay un riesgo para la asociación organizadora, menor, pero que puede ser muy relevante para asociaciones pequeñas. Y aquí es donde aparecen las tensiones.

    Para tratar de encauzarlas, se creó muy pronto – en enero de 1994 – una Comisión de Organización de J/C, conformada por los presidentes de los comités organizadores de la pasada, actual y siguiente J/C, cuya función consistiría en recabar la información necesaria para informar a la JD y que ésta pudiera comprobar que los gastos eran razonables y las pérdidas no iban a ser elevadas, o incluso que había posibilidad de que el balance fuera positivo. Esta comisión visitaría la ciudad donde estaba radicado el evento previsto (al menos en dos o tres ocasiones durante el año), comprobaría in situ los avances en la organización y obtendría, reuniéndose con el Comité Organizador, las informaciones necesarias. Tras unos titubeantes pasos iniciales, esta Comisión no funcionó como se esperaba, hasta que finalmente ha desaparecido del organigrama de la Featf, al menos no se encuentra en su página web, y la información se limita a la que proporciona el/la presidente/a de la asociación a la que le toque la organización en las reuniones de la Junta Directiva.

    Cuando esta información era suficientemente tranquilizadora, en general la Junta de la Federación deja hacer sin inmiscuirse en la organización, y si los resultados científicos y económicos son aceptables, todo va como la seda. Pero cuando falla alguna de estas premisas, bien porque la información no se juzga adecuada, los resultados son pobres y las pérdidas elevadas, o bien la JD de la Featf resulta más intervencionista de lo habitual, la asociación organizadora puede sentirse excesivamente controlada y ofenderse por lo que juzga como desconfianza, entonces las cosas se tuercen.

    Lo cierto es que, tensiones aparte, la organización de las J/C ha ido bien. Se ha conservado la regularidad de la reunión anual[5] – esto es un hito en general poco valorado, hay muy pocas organizaciones de TF en el mundo que lo consiguen –, los contenidos científicos mantienen un buen nivel, y el balance global es de más beneficios que pérdidas económicas. Además, merced a un acuerdo con la Sociedad Portuguesa de TF, desde 2009 los Congresos, son Ibéricos cada tres años, lo que amplía de manera importante su asistencia y repercusión.

    A pesar de este balance global positivo, en los dos últimos años la tensión ha aumentado de manera notable. La JD actual de la Featf es más intervencionista, tras unos años en los que lo fue menos, con otro estilo de ejercer la presidencia. Las asociaciones se acostumbraron a organizar las J/C de manera muy descentralizada, informando a la Federación, pero por lo general, una vez tomadas ya las decisiones importantes, por lo que el impulso recentralizador de la junta de ahora se puede percibir como desconfianza y recibirse con hostilidad.

    Esta intervención centralizadora actual va más allá de lo que nunca se había planteado, puesto que implica cuestiones como el control de las inscripciones – y por lo tanto de los ingresos y gastos –, de la estructura, o de la publicidad y página web del Congreso, y quiere consolidarse con la elaboración de un Protocolo de Organización de J/C que la recoja, ignorando que su aplicación va a depender del talante de cada junta. Pero no asume directamente su organización, sino que la idea es que las asociaciones sigan ocupándose de ésta, convirtiéndolas poco más que en pequeñas empresas organizadoras que no influyen en estructura y contenidos, ni en la gestión económica, a las que se premia con un porcentaje de los beneficios – si los hay –, como recompensa a su esfuerzo. Si se desarrolla este protocolo, mi opinión es que el entusiasmo por asumir su organización, que nunca ha sido exultante, va a disminuir mucho, y va a poner en riesgo que se continúe manteniendo su organización anual.

    Si la Federación no desarrolla esa estructura central estable que permita desarrollar la mayor parte del trabajo que requiere organizar las J/C anuales asumiendo la totalidad del riesgo económico, y sigue delegando esa labor en las asociaciones que también se juegan su economía, es vana ilusión pensar que va a poder controlar todo el proceso, y las tensiones van a seguir generándose, de mayor o menor intensidad según el afán intervencionista de la primera, y el talante colaborador de las segundas.

    No parece viable, por el momento la primera opción, que supondría un cambio radical en el funcionamiento de la Featf, y que además la hipotecaría económicamente. Ni estaría justificado por este único motivo, ya que, como se ha dicho, el sistema actual no funciona mal. Por lo que, si se mantiene la delegación a las asociaciones, va a ser difícil que éstas acepten ocuparse únicamente de gestionar el alquiler o localización de locales, y la organización de la cena del Congreso.

    Lo que sí puede mejorarse es la comunicación entre ambos, que debe ser muy fluida y que podría conseguirse con una mayor implicación de esa desaparecida Comisión de Congresos, que esté dispuesta a trabajar sobre el terreno y desplazarse, las veces que sean necesarias, a la ciudad donde se vayan a celebrar cada año.


    [1] Antes de titularse definitivamente como Nacionales, fueron “Españolas” las IX, “Nacionales” las X, y de nuevo sin apellido las XI y XII. Hasta 1996 se llamaron siempre Jornadas, hasta que se le denominó Congreso Nacional a las que hacían el nº 17 (y para señalar el hito del aumento del “caché” del encuentro anual de los terapeutas familiares españoles, SU MAJESTAD LA REINA (sic) ocupó la presidencia de honor del Comité Organizador). Desde ese momento se alternaron los nombres de Jornadas y Congresos, hasta que a partir de 2006 se generaliza el nombre de Congreso, con un par de excepciones en la s que vuelve el de Jornadas.

    [2] A veces esto se olvida, y cuando, por ejemplo, se publican o comunican el nº de sus socios, se dan cifras del número de socios de sus asociaciones miembros, ya que el número real de socios de la Featf se mantiene prácticamente igual desde hace ya muchos años, quince.

    [3] No se ha explorado nunca la posibilidad de que sean otras entidades las interesadas en hacerlo, por ejemplo, escuelas de TF, o que pueda hacerse en conjunto por más de una asociación.

    [4] Y ya lo creo que se generan. Una de las de mayor tensión fue la siguiente a la organizada por la Featf, la primera que se encargaba a una asociación tras su fundación, o sea, desde que se dio la ocasión.

    [5] Excepto en 2020, cuando a causa de la pandemia se acordó posponer el LX Congreso un año para poder mantener la presencialidad.