
Hace unos días se ha publicado el Informe PISA de las pruebas efectuadas en 2025, en una buena parte de los países de la OCDE, a los alumnos de los últimos años de la educación secundaria obligatoria. El informe ha tenido un gran impacto en numerosos países, debido a la importante caída de las puntuaciones, que reflejan que los resultados de la educación escolar están por debajo de lo esperado, y se deterioran rápidamente.
En España el impacto ha sido especialmente significativo, ya que la caída de las puntuaciones, que venía produciéndose desde años atrás, se ha acelerado, y coloca a nuestro país por debajo de la media tanto de la OCDE como de la UE. De las tres grandes materias que mide la prueba – comprensión lectora, ciencias y matemáticas – el resultado de la comprensión lectora es particularmente preocupante ya que afecta a cualquier tipo de aprendizaje y es el que más cae. El retroceso en este importante campo viene produciéndose de manera continuada desde las pruebas de 2012, en la Comunidad Autónoma Vasca donde yo resido, ha sido especialmente notorio, y “no tiene parangón con ningún país o región de Europa que participe en Pisa”. (El Correo, 13/09/26, p. 2).
Desde la publicación de los resultados se han escrito innumerables artículos analizándolos, y opinando sobre las causas del deterioro educativo. El foco principal se pone en el impacto del uso de dispositivos digitales en cualquier momento, incluso dentro del aula, que generan un gran déficit de concentración y comprensión, al igual que el elevado número de horas dedicadas a interaccionar en las redes sociales que estimulan los mensajes muy breves y limitan la lectura a textos de poca extensión. También se habla de las sucesivas y cambiantes leyes educativas, del calendario escolar, del descenso de horas lectivas, de las políticas lingüísticas, etc.
De todo lo que he leído me quedo con dos cosas: un comentario anónimo de unos profesores de instituto, y un artículo de María Díaz de la Cebosa, presidenta de CIS University y de la Fundación Robert Kennedy en España. (El Correo, 25/09/26. P. 24).
El comentario de los profesores: “si ponemos a nuestros alumnos de hoy el contenido de los programas de hace treinta años les estallaría la cabeza, no podrían completarlos de ninguna manera”.
Del artículo citado: “No atravesamos una crisis de recursos ni, exclusivamente, de metodología. Atravesamos una crisis de la cultura del aprendizaje. Y esa crisis no se resuelve añadiendo horas a un modelo que ya no consigue captar la atención del que tiene delante. Ahí está, a mi juicio, el origen real del desplome. Vivimos rodeados de estímulos por todos los frentes, sometidos a un exceso de información que se confunde, erróneamente, con conocimiento. Y no lo es: la información que no se procesa, que no se cuestiona ni se hace propia, no llega nunca a convertirse en aprendizaje real”.
Aprender requiere un importante esfuerzo, y la evolución digital en la que vivimos, asume buena parte del que debe hacer cada uno. Desde el Rincón del Vago a los resúmenes de libros, las respuestas a ejercicios y los trabajos supuestamente reflexivos y creativos que hace una IA, todo contribuye a que el empeño personal, el tiempo de dedicación, la concentración y persistencia necesaria para desarrollar tareas complejas, sea cada vez menor y la búsqueda de atajos o la exigencia de que disminuya la carga lectiva o las pruebas objetivas, sea cada vez mayor.
Las pruebas PISA se aplican a los alumnos que han cumplido 15 años. ¿Tiene entonces algún impacto en la educación de posgrado universitario? Las alarmas comenzaron a sonar hace bastantes años, y la reducción de las cargas lectivas viene de finales del pasado siglo. El descenso de los resultados PISA se comenzó a notar en 2012, por lo tanto esas generaciones han llegado ya a la formación de posgrado. Recuerdo de mis últimas clases en algún máster en la universidad a bastantes alumnos parapetados tras la pantalla de su portátil, que ni siquiera se preocupaban por disimular que estaban a otras cosas, como comprobaba al acercarme y ver el contenido de sus pantallas.
¿Y afecta también a la formación en psicoterapia? En mi opinión, no hay duda al respecto. Hace años que resultaba llamativo el desinterés por ampliar la carga docente con actividades, muchas de ellas gratuitas, al margen del estricto programa formativo. O la petición, cada vez más generalizada, para que el proceso formativo co-construido por el sistema de aprendizaje que exige una implicación y un esfuerzo mayor por parte de todos, se vaya reconvirtiendo en clases magistrales, especialmente si son online, que no exigen una atención continuada, o la utilización de la IA para la realización de trabajos, con el único objetivo de superar la prueba y obtener el diploma con el menor esfuerzo posible. La carga lectiva de los programas de formación se ha ido reduciendo de manera importante, sin descender, eso sí, de los mínimos exigidos por las entidades acreditadoras, pero resultan llamativamente pobres en aquellos programas que no lo están, menudeando la oferta de másteres en 12 meses, con clases “enlatadas” que no permiten una interacción real con el profesorado, y cuyos ejercicios se hacen fácilmente con la IA de turno.
¿Se podrá corregir esta deriva? Parece que hay una cierta reacción limitando el acceso a las redes sociales, o el uso de medios digitales que tan generosamente se extendieron en la docencia escolar con el único criterio a estar “a la última”, sin una evaluación previa de su idoneidad. Vuelven las pruebas objetivas con exámenes orales, o al menos la defensa oral de los trabajos que, aunque se hayan hecho con la ayuda – inestimable muchas veces – de una IA, permitan comprobar que quien los presenta los entiende y es capaz de explicarlos con cierta coherencia y fluidez.
Si se mantiene esta línea se podrá revertir el lamentable proceso del deterioro el aprendizaje, pero llevará un tiempo hasta conseguir que de nuevo los alumnos se lean el libro en lugar de la síntesis que les ha hecho la IA.
Bilbao, 06/10/26



2 Comentarios
Hola Roberto…gracias…me ha gustado mucho leerte…aún estando lejos de la docenc8a lo veo…me llega !!!
Hola Toñi, un placer saber de ti, ¿cómo te va?